El triángulo de trabajo clásico entre fregadero, fuegos y frío sigue valiendo, con un añadido que las cocinas modernas olvidan: la zona de aterrizaje. Cada aparato necesita 40 cm de encimera libre al lado por el que se abre, y una isla sin ella es una mesa carísima.
El segundo fallo es el recorrido. Un frente único de 4,2 metros parece generoso en el dibujo y significa recorrerlo cuarenta veces en una cena. Rómpelo o asume los pasos.
Para recibir, la regla que cambia la velada es la del cocinero. Si quien cocina está de espaldas a la sala más de un tercio del tiempo, la fiesta se muda a donde esté esa persona, que suele ser el lado equivocado de la isla y sin sitio donde dejar la copa.